Trangènics; ni sants ni dimonis

Jo també he estat anti-transgènic, he aplaudit alguna crema de camps d’en José Bové, m’he cregut que hi havia una onada de suicidis a la Índia a causa dels mals resultats dels conreus transgènics i la dependència de les llavors. Que aquests gens s’escamparien sense control creant resistències i seria la fi del món (un altra?)

Amb la homeopatia i els antivacunes ja ho tenia molt clar que no tenen cap base i no són més que una creença de societats riques que s’ho poden permetre, capritxos de rics, i que acabaran fent molt de mal.

I amb els anti-transgènics també hi ha el mateix: poques dades, molta desinformació, incongruències, alarmisme, acientifisme i és més un moviment religiós que no pas suportat per dades. I a Europa sembla que s’estan tancant moltes portes a la investigació i a les millores pel rebuig que hi ha als transgènics.

Jo no hi entenc massa del tema, però com parlava en un altra entrada (ui sí, serà que en tinc tantes…) només tenim la ciència i les dades per a tenir informació, i ja us deixo amb unes quanta gent de confiança que sap entendre aquestes dades:

Unes entrades monogràfiques d’en Daniel Closa doctor en biologia i investigador del CSIC a l’Institut d’Investigacions Biomèdiques de Barcelona i blocaire a http://ciencia.ara.cat/centpeus/
1. http://centpeus.blogspot.com/2009/11/trangenics-el-plantejament.html 
2. http://centpeus.blogspot.com/2009/11/pero-que-es-un-vegetal-transgenic.html 
3. http://centpeus.blogspot.com/2009/11/les-promeses-dels-transgenics.html 
4. http://centpeus.blogspot.com/2009/11/perills-dels-transgenics.html 
5. http://centpeus.blogspot.com/2009/11/qui-controla-els-transgenics.html

Aquí un extracte del llibre Los productos naturales !Vaya timo! de JM Mulet responent algunes de les qüestions que algun cop ens hem plantejat sobre els transgènics, i rebatent algunes informacions de Greenpeace:

 Los siguientes apartados estarán encabezados por algunos de los mitos que ha difundido Greenpeace y han sido asumidos por otras organizaciones. Asumiré el riesgo de hacer propaganda gratuita si alguien se leyera sólo el encabezado, y utilizaré el texto para aportar información de por qué esas aseveraciones son inexactas, infundadas o falsas.

• Los transgénicos no son seguros. Como acabo de comentar, las dos formas tradicionales de obtener nuevas variedades se basan en el azar, por lo que a ciencia cierta no sabemos exactamente qué cambios ha habido en el genoma, mientras que en una variedad transgénica sabemos exactamente qué cambio se produce y qué podemos esperar. De hecho, con una variedad clásica, de las que podrían utilizarse perfectamente en agricultura ecológica, podría darse el caso de que hubiésemos seleccionado una variedad que acumulara un compuesto tóxico. Es muy improbable, pero se han dado dos casos en variedades de champiñón, y también en una variedad de puerros que acumulaba demasiados psoralenos, por lo que su manipulación producía quemaduras. En un cultivo transgénico, desde el momento en que conocemos sus cambios, y dada la cantidad de pruebas que debe de superar para salir al mercado, es prácticamente imposible.

• Los transgénicos están en manos de grandes empresas que obligan a los agricultores a utilizarlos. Desde que muchas organizaciones ecologistas adoptaron una actitud antitransgénicos han buscado todos los argumentos en contra, y cuando éstos han caído por su propio peso, se han inventado argumentos nuevos (y falsos). El último bulo ha sido decir que ha habido una epidemia de suicidios de agricultores en la India y que ha sido debida a que les habían obligado a comprar transgénicos y no los habían podido pagar. Una voz “autorizada” que ha propagado esta información es el príncipe Carlos de Inglaterra, figura reivindicada por los movimientos antitrangénicos por ser el mayor productor de agricultura ecológica de la Gran Bretaña (¿he dicho ya lo de que la comida ecológica es muy pija?).

El rumor es absolutamente falso. Hubo una ola de suicidios entre los agricultores en la India debido a una agresiva política de expropiaciones por parte del gobierno para hacer autopistas e impulsar el sector industrial. Es verdad que todas las variedades transgénicas que se comercializan pertenecen a grandes empresas, a pesar de que la tecnología transgénica no requiere grandes infraestructuras y es relativamente barata. Actualmente la legislación sobre variedades transgénicas depende de la Unión Europea. Es imposible que se plantee una prohibición total puesto que no hay ningún argumento objetivo en contra de estos cultivos (no son peligrosos para la salud ni para el medio ambiente, y suponen una mejora). Sería como si tuviéramos a un ministro de Sanidad testigo de Jehová y planteara prohibir las transfusiones de sangre en los hospitales argumentando que pueden contagiar enfermedades, o si el ministro de Agricultura fuera musulmán o judío y propusiera prohibir las explotaciones porcinas con la excusa de la triquinosis.

El problema es que la presión política sobre estos cultivos, debida sobre todo a organizaciones del tipo de Greenpeace, es tan fuerte que la estrategia de la Comisión Europea es nadar y guardar la ropa. No puede prohibirlos porque no hay ninguna prueba científica en contra y sí muchas a favor, pero dificulta al máximo el proceso de autorización para ver si así los votantes se conforman. Para conseguir la licencia una nueva variedad de agricultura transgénica debe superar un número exagerado de controles y pruebas. La documentación final que debe presentar puede ocupar unos 15.000 folios, y el proceso cuesta alrededor de 20 millones de euros. Para el consumidor la ventaja es que el producto autorizado es completamente seguro. Si aplicáramos el mismo rigor al resto de productos alimentarios o farmacéuticos, los supermercados, farmacias y herbolarios se quedarían vacíos porque pocos serían capaces de superar las evaluaciones. La contrapartida es que ninguna empresa pequeña puede hacer frente a este carísimo proceso, por lo que se da la paradoja de que la presión de los grupos antitransgénicos ha dejado fuera del mercado a las compañías pequeñas.

 Los transgénicos son malos para la salud y producen alergias. Entre los análisis que se realizan antes de sacar al mercado una variedad transgénica está un exhaustivo estudio de seguridad alimentaria. Ningún transgénico ha producido nunca ningún problema de salud. No obstante, en muchas publicaciones de grupos ecologistas o antitransgénicos se dice que los transgénicos, entre otros males, producen alergias. Esto no deja de ser una absoluta falacia, cuyo origen es fácil de rastrear.

Uno de los problemas nutricionales de los cereales es la falta del aminoácido esencial lisina, que es en cambio muy abundante en frutos secos como el cacahuete. Un 25% de la población mundial se alimenta casi exclusivamente de arroz. Esta población se encuentra entre las más pobres del planeta y presenta enfermedades asociadas a las carencias nutricionales del arroz. Por tanto, crear un arroz rico en lisina supondría una mejora nutricional sustancial. Con este fin se insertó en el arroz el gen que codificaba una proteína rica en lisina del cacahuete, pero no se tuvo en cuenta el elevado potencial alérgeno de esta proteína. En los primeros ensayos en ratones se constató este hecho (el sistema de control es transparente y efectivo), por lo que el proyectó se descartó. El arroz rico en lisina nunca salió al mercado, por lo cual nadie, nunca, ha sufrido una alergia debido al consumo de una planta transgénica. Curiosamente, todos los años mueren miles de personas por alergias alimentarias, generalmente a los frutos secos, el pescado, los mariscos y la piel de algunas frutas como el melocotón. ¿Por qué Greenpeace no pide una prohibición de los alimentos alérgenos? En cambio, piden la prohibición de los transgénicos alegando que producen alergias, dato que es falso. Por no hablar de las intoxicaciones por micotoxinas o por E. coli relacionadas con la agricultura ecológica.

Desde muchos grupos ecologistas se promueven y llevan a cabo sabotajes y destrucciones de invernaderos o terrenos de experimentación de transgénicos. Alegan que son acciones radicales justificadas por el noble fin de proteger la salud y el medio ambiente. A mí también me preocupa la salud de mis paisanos y la ecología, pero no por eso me voy a poner a tirar piedras en la próxima feria de agricultura ecológica. No tengo ninguna intención de iniciar una cruzada para salvar a los adinerados consumidores de verdura orgánica de los coliformes fecales.

• Los transgénicos son malos para el medio ambiente. Argumento falaz donde los haya. Como ya he explicado en otro capítulo, la agricultura siempre es agresiva con el entorno. Algunas de las variedades transgénicas que más éxito han tenido son las que incorporan un gen que confiere resistencia a los herbicidas. Los amantes de la teoría de la conspiración se empeñan en decir que es una forma de ahogar al agricultor, al que obligan a comprar a la vez semillas y herbicida. Este razonamiento, aparentemente contundente en contra de los transgénicos, obvia algunos puntos fundamentales. Los herbicidas se usan en todos los cultivos, sean transgénicos o no. Algunos cultivos herbáceos, como la soja o la remolacha, son muy sensibles a la competencia de las malas hierbas, pero no se puede utilizar herbicidas al principio por que se cargarían el cultivo. La estrategia tradicional consiste en aplicar un pretratamiento con herbicida antes de la siembra, o en las primeras etapas quitar las malas hierbas a mano (con el consiguiente gasto en mano de obra y horas de trabajo), y una vez el cultivo ha crecido lo suficiente, aplicar el herbicida manualmente a ras de suelo para minimizar el impacto sobre el cultivo.

Las variedades tolerantes al herbicida permiten sembrar y aplicar el herbicida de forma automatizada sobre el campo al principio de la germinación, lo que matará todas las malas hierbas y respetará al cultivo. El efecto práctico de estas variedades ha sido que pequeñas explotaciones que no eran rentables pasen a serlo. Un ejemplo práctico es el boom de la economía argentina, que se ha convertido en la principal exportadora de soja a nivel mundial. Otro ejemplo son las variedades que expresan la proteína Bt. Esta proteína proviene de una bacteria y es tóxica para el taladro del maíz y otras plagas. La forma tradicional de luchar contra estas plagas es usar insecticidas. En la agricultura ecológica se espolvorea el cultivo con células vivas de Bacillus thurigensis (Bt). Las variedades transgénicas nos ahorran el tratamiento con insecticida o tener que liberar un organismo vivo fuera de su entorno natural (dos mejoras para el medio ambiente, ¿no?), y que el parásito sólo se vea afectado si ataca el cultivo, no las malas hierbas o cualquier hierba silvestre que crezca en los alrededores (otra mejora, ¿no?).

• Los transgénicos no suponen ninguna ventaja frente a los cultivos tradicionales. Pues los números cantan. En España se cultivan desde hace 15 años y la superficie no deja de crecer. En el mundo la tendencia va en el mismo sentido. Nadie obliga al agricultor a comprar semillas transgénicas… por lo que algo tendrá el agua cuando la bendicen. Y no hablamos ya solamente del beneficio económico para el agricultor, sino de los beneficios sociales.

El arroz, por ejemplo, carece de vitamina A, por lo que las enfermedades relacionadas con el déficit de esta vitamina son endémicas en el Sudeste asiático. Para suplir esta carencia se ha desarrollado el arroz dorado. Esta variedad incorpora los genes que sintetizan la provitamina A, lo que confiere al arroz un peculiar color amarillo-anaranjado. Como se ha desarrollado mediante el esfuerzo conjunto de diferentes universidades y centros de investigación, este arroz está libre de patentes. Pues a pesar de todo, su distribución se está encontrando con la oposición frontal de muchos grupos ecologistas, mas preocupados en propagar su fe que en evitar los estragos del déficit de vitamina A, principalmente la xeroftalmia o ceguera infantil, endémica en el Sudeste asiático.

Una historia similar a la del DDT, donde un infundado pánico a no se sabe qué pesó mucho más que el interés de los beneficiarios, personas que, por supuesto, no vivían en Europa. Sin ir más lejos, en fecha reciente Greenpeace dio comienzo a la campaña “quitad las manos de nuestro arroz”, en el que en su habitual léxico apocalíptico insta a rechazar el arroz transgénico. Con comunicados como éste, Greenpeace demuestra que lo más cerca que ha estado de un campo sembrado ha sido pasando por encima en el avión camino de Copenhague. Leyendo el comunicado queda claro que ignoran que todas las variedades de arroz cultivadas son artificiales, y entre otras falsedades se afirma de forma contundente: “Muchos países han prohibido la experimentación con arroz”. Curiosamente me puse a buscar información sobre los términos y países a los que afecta tal prohibición, pero parece ser que continúan saliendo publicaciones de investigación que hablan sobre el arroz, y no tengo noticia de que ninguno de los centros más activos en mejora genética del arroz (como el IRRI en Filipinas o el IVIA en Valencia) se hayan visto afectado por esa “prohibición”. Dada mi ignorancia consulté directamente a Greenpeace… y sigo esperando la respuesta.

Queda claro que para Greenpeace son más importantes sus preceptos religiosos antitransgénicos que la lucha contra el déficit de vitamina A. Aquí veo un claro ejemplo de no ser consecuentes con sus propios planteamientos. ¿Por qué no inician una campaña contra la insulina? ¿Por qué nunca hemos visto a Greenpeace bloqueando la puerta de un hospital con una pancarta que diga “no a la insulina transgénica”? La insulina sufre los mismos presuntos males de los que acusan al maíz Bt o al arroz dorado: es antinatural, para su elaboración se rompe la barrera entre especies y la comercializan grandes compañías multinacionales. Tal vez porque no tienen ningún socio aquejado de déficit de vitamina A (enfermedad de pobres) pero si diabético (enfermedad de ricos). Como poner la leche para los gatitos en la puerta del vecino…

• Por seguridad, lo mejor es aplicar un principio de precaución y prohibirlos. Nunca en la historia de la humanidad un alimento ha estado sometido a tantos controles como los transgénicos. Por si esto fuera poco, en 16 años de agricultura transgénica no ha habido ni un solo caso de problemas para la salud o el medio ambiente. Algo que no puede decir la agricultura ecológica. Aun así, desde numerosos sectores se exige un “principio de precaución” para prohibir los transgénicos. Este “principio” es una forma amable de invocar algo terrible: “no tengo ninguna prueba científica en contra, no tengo ningún argumento, pero, por si acaso, legislo en contra”. Una aplicación de este principio de precaución fue bombardear a la población civil iraquí (por si había armas de destrucción masiva). La ley debe hacerse basándose en datos científicos sólidos, de otro modo meteremos la pata y pagaremos las consecuencias (nosotros o, lo que es peor, otros). Viendo la actitud de Greenpeace con el arroz dorado queda claro que, mientras las consecuencias sólo se sufran en el Tercer Mundo, a algunas organizaciones les parece bien. Por suerte los niños muertos de África o los niños ciegos de Asia quedan muy lejos de nuestra conciencia.

 Nos meten transgénicos en la comida. Éste es uno de los principales argumentos de los ecologistas más conspiranoicos. Según ellos, no sólo se obliga a los agricultores a comprar semillas más caras sino que nos quieren envenenar a todos metiéndonos comida transgénica sin avisarnos. Como para asustarse. Vamos, que la gente está sufriendo alergias mortales por comer arroz transgénico que venden como arroz para paella. Esto es mentira.

Para empezar, la normativa sobre etiquetado en la Unión Euro-pea es clara. Una vez una variedad supera los numerosísimos controles ya es apta para el consumo, pero deberá advertirlo claramente en el etiquetado. Ningún mayorista se atreve a distribuir harina de maíz transgénico o brotes de soja transgénica o incluso arroz dorado por miedo al rechazo que podría surgir en el consumidor. La práctica totalidad del maíz o soja transgénico que se produce o se importa en España se dedica a piensos y consumo animal. No deja de tener gracia el hecho de que el maíz Bt que se siembra en la cuenca del Ebro se coseche limpio e impoluto y vaya a alimentar cerdos, mientras que el no transgénico, atacado por insectos y hongos a pesar de los tratamientos con fitosanitarios, sea el destinado a la alimentación humana.

Muchas cadenas de distribución de alimentos se han sumado a la campaña de Greenpeace (qué curioso, ahora no dicen nada de las grandes empresas) y a la aberrante normativa expuesta en su guía, por lo que anuncian que entre el control de calidad al que someten sus productos está el control de “contaminación” por transgénicos. Una forma estúpida como otra cualquiera de aumentar costos que finalmente repercuten en el bolsillo del consumidor, puesto que, en el improbable caso de que en algún producto se detectaran trazas de haber sido realizado con una variedad transgénica, esto no tendría ninguna repercusión sobre la salud. Personalmente opino que si lo que quieren es garantizar la seguridad alimentaria de los productos que venden, realicen análisis de la presencia de micotoxinas o de coliformes en los productos de agricultura ecológica.

En aquesta altra entrada també s’hi explaia amb http://www.losproductosnaturales.com/2011/04/plataforma-por-una-andalucia-libre-de.html

Al seu blog hi trobareu més informació http://www.losproductosnaturales.com/

Aquí un article del Nature (en anglès) http://www.nature.com/embor/journal/v13/n6/full/embor201259a.html

I va, per posar algú que els ataca els transgènics podrem esmentar en Josep Pàmies http://joseppamies.wordpress.com/textos-largos/la-bogeria-de-les-llavors-transgeniques/ però si l’entrada més recent que té ens parla de curar amb les mans http://joseppamies.wordpress.com/2012/05/31/manos-que-curan/ doncs la credibilitat pel terra ja.

El que jo cregui o no no és important, les coses es demostren amb dades i en aquest cas els antitransgènics no són massa creïbles, i ja entren dins el camp de les conspiranoies i de la contraportada de la vanguardia http://esceptica.org/2012/06/06/asi-que-has-revolucionado-la-ciencia-oficial/

I estic d’acord en que l’aliment al món està mal distribuït però plantar localment com els nostres rebesavis sí que no acabarà amb la fam al món, ni tan sols tindríem prou terra per cultivar, fet i fet, amb els transgènics es pot aconseguir una agricultura més ecològica, menys contaminant i més assequible per a tota la població.

I sí, jo també tinc un hortet, per gust hi planto alguna cosa però no somio en ser autosuficient ni de lluny.

En fi que aquesta oposició sembla com la dels que s’oposaven a la llum elèctrica, al ferrocarril, a la maquinització, a les patates (sí, ara volem conservar varietats locals catalanes però no fa massa eren el dimoni), a la informatització (encara n’hi han, cada cop menys), a la robòtica (ja començaran a sortir)… que com tota tecnologia pot ser utilitzada amb bons fins o malvats, o neutres, doncs mirem-mos més els fins, és aquí on la política ha d’intervenir per a enfocar les investigacions cap a un major benestar i igualtat entre la gent.

I una última anècdota, quan en Benjamin Franklin va inventar el parallamps els van començar a posar en diferents edificis, però l’esglèsia no hi creia i no en volia, uns anys més tard al comprovar que els llamps cremaven més esglèsies que no d’altres edificis es va rendir a l’evidència i ara ja en porten.

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2 pensaments sobre “Trangènics; ni sants ni dimonis

  1. Joel Espunya diu:

    Bones Ivan,

    Primer de tot disculpar-me per haver tardat tants dies a respondre’t, però entre finals, que he passat uns dies que he passat i tot plegat he anat de cul.

    Partint de la base que les coses no són o blanc o negre, vull deixar clar que no pretenc argumentar que els transgènics són el dimoni. Però tampoc acceptaré [almenys de moment] que són positius.

    Estic d’acord que ens hem de basar en les dades, especialment quan parlem de temes que desconeixem, i que la ciència és una gran font per trobar-hi dades.

    Però té un problema, parteixen de la base que si una cosa [ben justificada, ara tampoc em surtis a buscar 3 peus al gat hehe] no es pot demostrar que és falsa, és certa. És a dir, si jo “demostro” una teoria (poso demostro entre cometes, ja que amb certesa absoluta només les matemàtiques poden demostrar totes les seves teories) serà certa fins que no puguis trobar una teoria demostrada que la contradigui.

    Això comporta, que quan la ciència fa algun abans, ens haguem de preguntar si és necessari. Si ho és, en busquem resultats pràctics que a més aportaran beneficis econòmics a curt/mig termini. Altrament, no estic defensant abandonar-ho, si no tot el contrari, seguir-hi investigant per trobar quelcom en un futur que si que sigui necessari. És a dir et defensaré aquests descobriments científics com un pas endavant per la ciència del futur.

    Per mi doncs, el més important al parlar de transgènics no és valorar-ne la seva necessitat.

    Que, crec jo, no existeix.

    És un tema d’avaluació de riscos. Puc acceptar que els transgènics no són nocius a curt termini, però a dia d’avui és molt complicat [per falta de temps] poder demostrar amb certesa absoluta que alimentar-te íntegrament de productes modificats genèticament durant tota la vida no pugui produir un desequilibri i algun problema de salut.

    A nivell teòric no ha de passar, però com dèiem, la ciència no és exacte, per tant s’està assumint un risc que s’ha d’evaluar en base a una ponderació (absolutament subjectiva) de riscos i beneficis per veure fins a on estem disposats a arriscar.

    A més, hi ha diversos articles escrits per l’OMS (entre altres organismes internacionals) que argumenten que hi ha aliments de sobres per alimentar el total de la població mundial. Per tant a nivell quantitatiu, no són necessaris.

    A nivell qualitatiu, és innegable que molts productes tenen menor qualitat, només has d’anar al supermercat i comprar quatre fruites per veure que la seva falta de gust és destacable. Per tant, tampoc ens interessa pel fet de tenir productes de millor qualitat.

    On si que podem trobar beneficis interessants, és a nivell econòmic, on degut a la reducció de costos que suposen aquests tipus de conreu, moltes empreses estan fent grans fortunes. Són però [en molts casos] les mateixes empreses que estan comprant els productes a un preu irrisori a qui està realment treballant la terra per vendre-ho molt més car al producte final. Ara no vull entrar en aquest debat ja que no e vull allargar molt més [que deu ni do com ho he fet hehe] però degut a la falta d’ètica d’aquestes empreses jo personalment no estic disposat a assumir un risc per tal de que ells puguin guanyar més a final d’any.

    Per tant doncs, per mi el debat no és sobre si són més o menys perjudicials o més o menys bons.

    La pregunta és: són necessaris?

    I com et deia, personalment crec que no.

    Prefereixo consumir producte local, a ser possible ecològic, permetent-me conèixer en major mesura els riscos que assumeixo i a qui estic beneficiant.

    Salut!
    @jespunya

    • ivanbea diu:

      Gràcies per respondre Joel.

      La ciència es basa en fets i dades, si tens una teoria que explica els observats i fa prediccions que es compleixen perfecte. Si més endavant es veu que hi ha uns fets que on aquesta teoria no funciona se’n cerca un altra. Així com la física newtoniana no és estrictament correcta, ens serveix per la majoria de fets quotidians i fins per predir moviments planetaris, però si vols filar més prim i explicar més coses de l’univers necessites la relativitat especial i general (per exemple els GPS ens funcionen gràcies a aplicar aquestes teories). I això no vol dir que ara ja podem esborrar la newtoniana, si no que cada una té diferents camps d’aplicació, i encara s’estan trencant les banyes per trobar la teoria que ho unifiqui tot, i quan la trobin no voldrà dir que s’elimini tota la resta, si no que es perfecciona per a explicar i predir més casos.

      Sobre la seguretat, doncs tot té gens, i menjar gens no ens fa cap mal, simplement es digereixen, no ens tornem pas en un mutant. Si l’organisme s’hagués modificat genèticament per retenir mercuri, per exemple, doncs seria verinós per nosaltres, però pels gens, si no per què té mercuri.
      Igual que hi han bacteries modificades genèticament que produeixen insulina i fan bé a molta gent diabètica (i empreses que se’n beneficien, és clar), abans de fer això només se’n podia extreure de certs animals, molt natural i ecològic però en sortia poca i cara, per tant només per curar diabètics rics, ara es pot arribar a més gent. Espero que aviat puguin fer blat modificat genèticament per a que no faci gluten de manera que els glucèmics no s’hagin de deixar una pasta en molts aliments.

      I per exemple hi ha també l’arròs d’or http://ca.wikipedia.org/wiki/Arr%C3%B2s_d%27or que supliria la deficiència de vitamina A en molts llocs del món, i aquesta sense llicència i d’ús lliure, però per la mala fama i la por (i certs col·lectius que s’hi oposen) doncs no es fa servir, res que entre 250.000-500.000 de nens del món subdesenvolupat es queden cecs cada any http://www.who.int/nutrition/topics/vad/en/index.html

      A nivell quantitatiu sí que ens faran falta, si ho repartim tot entre tots potser en faríem prou, però si volem que mengi la gent que viu en zones més aviat desèrtiques? millora les seves plantacions, si no volem tirar tants insecticides no selectius, doncs transgènics al canto, si es planta moltíssim cotó arreu del món i no s’aprofita l’oli de les llavors per què té un component tòxic? eliminem aquest component i aprofitem-ho tot.

      Si la por es que ho faci una empresa sense escrúpols, doncs a tocar la normativa i les lleis per a què compleixin els drets i deures i que redistribueixin els guanys i beneficis. I perquè no fer una cooperativa, juntament amb productors, consumidors i universitats que produeixin de la millor manera per abastir localment, respectar l’entorn, amb retorn social i fins i tot exportar?

      El tema de la qualitat depèn més del temps de maduració i no de si és o no transgènic (et recordo que no hi ha cap aliment transgènic per consum humà a europa) i els gustos o propietats organolèptiques es poden mesurar.

      Per què lo de tenir-ho ecològic i de proximitat ens serveix si som poca gent, que si tinc un hortet amb quatre coses i m’ho paguen bé els consumidors perfecte. Si amb aquest sistema has d’abastir la població d’una ciutat doncs ja no tindríem prous camps a la Garrotxa per cultivar, i a l’ocupar-ho tot hauríem de començar a desforestar boscos, i al fer producció intensiva doncs ja no podríem treure el puó amb els dits (a no ser que vulguèssim tornar a l’esclavatge) si no que hauríem de tirar insecticides i així anar fent. Com que ara el problema aquest el passem als països del sud, igual que les fàbriques, ens sembla que no existeix, però si passem de voler alimentar quatre capritxosos a tota la població ens farà falta més tècnica.

      A la Garrotxa tindríem prou terreny per cultivar-ho tot ecològicament i de quilòmetre zero, però només per abastir restaurants de luxe i classes adinerades.

      Si tanquem fronteres, s’acaba l’euro i arriba l’autarquia, fins i tot podríem arribar a abastir ecològicament i local a tota la nostra població, posant-nos tots a cultivar i a menjar de temporada (i oblidat de la carn), però en pocs dies vindria la gent afamada de l’àrea metropolitana, a qui no podriem abastir, a arrasar les collites. Et puc ben assegurar que si arriba l’autarquia ens farà molta falta tota aquesta tecnologia genètica per estalviar recursos i optimitzar resultats (o reduïm població dràsticament), i hem perdut molt de temps a Europa pensant que no ens fa falta perquè ja tenim els països del Sud esclavitzats que ens abasteixen.

      Au, ja n’hi ha prou, m’agrada el debat, no arreglarem el món però mentre no peti ens distraurem.

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